Aquel glorioso 79

 

Por Aarón Gamal Fimbres Aguirre

 

Penalti a favor de Sonora, todos se alejan del balón,de atrás, surge una figura desgarbada, alto como pino sierreño, flaco como él sólo, acomoda el balón y pa’ dentro que están cenando…
Sonora Campeón del Prenacional de Ensenada, Baja California Norte.
Foto: Cortesía
No había tiempo, para prepararse mejor, porque el Nacional de Quintana Roo, estaba en puerta, las autoridades (como siempre sin $$$$$), nos dan un autobús para viajar a tan paradisíaco lugar (Chetumal, Quintana Roo) sede del campeonato Nacional de fútbol.
Partimos un puñado de futbolistas, con poco dinero y con un transporte muy triste y deplorable, pero con una ilusión tan grande como el universo.
No llegábamos a Guaymas y el “Picochulo” ya se había fumado 40 cigarrillos de la marca Fiesta.
Nuestro transporte iba como el Caballo Blanco (pero pa’ tras), una llanta, la marcha, el arranque, otra llanta, etc, etc, etc.
Con tumbos y sombrerazos llegamos a México, ciudad capital.
Muchos ni conocíamos tan gran ciudad, pernoctamos un día en un Hotel llamado Lucho (Hotelucho), no había más, comiendo en las esquinas (memelas, tlacoyos, guajolotas, quesadillas, sopes etc),conocimos el centro Histórico y lugares trascendentales de nuestra cultura.
En el Hotel y ya dormidos, el “Flaco” le dice al “Meño”; “Ya deja de moverte”, y nada que nos agarra un temblor, eso si todos tranquilos, el Chacho sale corriendo, el Guerra rezando y el “Picochulo”: (adivinaron) fumando por los nervios.
Seguimos nuestro camino en aquel corcel Blanco.
Llegando a Jalapa, el Buy le dice al “Mapache”: “Por favor cierra la ventana, hace mucho frío” -“ya la cerré” le dice el Mapache, el Buy enojado por que creía que no le hacía caso, se levanta y de un porrazo, cierra la ventana, ohhhhhh sorpresa, la ventana no tenía vidrio (jaaaa).
Seguimos avanzando en ese brioso corcel, entre cerros verdes y el azul del cielo.
La gastronomía, había cambiado (pejelagarto, pescado, mariscos y un sin fin de platillos del mar).
Nuestro medio de transporte, ya cansado,pero sin rajarse hasta ver la tierra prometida.
Llegando a Chetumal con la luz del día.
Ahí descansó tan noble corcel después de 3 días y medio.
Foto: Cortesía
Por fin llegamos al Paraíso y nuestro Brioso Corcel, aunque cojeaba de la pata izquierda, nos llevó a la cita con el destino.
Llegamos,ojerosos, cansados pero con muchas ilusiones.
Nos instalaron en un buen Hotel y la comida era rica y abundante.
Inmediatamente el Profe, nos llevó a un Parquesito, a dos cuadras del flamante hotel.
Entrenamos al 100%, jugueteamos y sacamos todo el cansancio del arduo camino que acabábamos de recorrer.
En la noche, salimos a recorrer ese gran Paraíso (Chetumal), un gran Malecón, con sus mujeres hermosas, que con sus vaporosos vestidos, parecían mecerse con la brisa del Mar.
Llegó el Salim y el Aaron invitándonos a su gran descubrimiento, era una Disco que se autodenominaba la “Jirafa”, casi todos a paso veloz fuimos llegando a ese lugar.
Lugar de dioses, bailada y sueños húmedos.
Desde ese momento, fue nuestra casa (todos los días ahí nos encontraban). Para salirnos del hotel, utilizábamos sabanas, blancas como la nieve, nos deslizábamos y así burlábamos la férrea seguridad que nos hacía el Profe Rubio.
El primer y segundo encuentro los empatamos, jugando muy mal, parecíamos que nunca habíamos jugado juntos, con un fútbol mediocre. Para el tercer y último juego, teníamos a fuerza que ganar. Pero era nada más y nada menos que el anfitrión Quintana Roo (equipo muy sólido y era el local).
Ni así nos calmamos y seguíamos yendo a la Jirafa Disco.
En la mañana, antes del juego contra los anfitriones, algunos jugadores nuestros ya se daban por perdidos y empezaron a empacar sus cosas para regresar.
Nos juntamos varios compañeros y hablamos con ellos, primero regañándolos por tal acción.
Su pensar era, ya pa’ que, nos va a ganar la sede, son mejores que nosotros, en fin un montón de excusas y pendejadas.
A base de de palabras altisonantes y verdaderas los convencimos de que podíamos (un sonorense nunca se raja).
Empezaron a desempacar, convencidos de ser de la tierra del esfuerzo y que nuestros ancestros vencieron al desierto.
Foto: Cortesía

 

Llegamos al estadio,un escenario lleno hasta el tope.
Comenzó el partido y le dimos una cátedra de como se jugaba el fútbol, a un gran nivel.
La gente de Chetumal de ahí en adelante estuvo con nosotros, porqué cuando acabó el juego, nos aplaudieron de pie, parecía que nosotros eramos los locales.
Desde ese día sabíamos que el campeonato era nuestro, sólo nuestro.
Nos dieron un día de descanso y en vez de utilizarlo para reponer energía, lo agarramos para irnos de joda, todo el día y toda la noche.
Aquí nos sucedió algo muy grave; salimos de la Disco (la “Jirafa”) y hubo un altercado con unos muchachos de la localidad, que también andaban en la fiesta.
Sucedió lo inesperado,en el pleito, que le muerden el dedo a nuestro portero titular, el “Mapache” Hernández, casi se lo desprenden de la mano, nosotros consternados lo llevamos al doctor y nos mirábamos diciéndonos: “Y ahora que pasará, no tenemos Portero”.
Llegamos al Hotel y le dimos la mala noticia al Profe Rubio, primero nos dio un sermón de aquellos que calan hasta los huesos, pero sucedió lo increíble al decirnos, para eso traje al gran Tomás y este ni tardo ni perezoso dijo: “Yo me la juego y es mas este partido se lo dedicó a mi compadre Mapache”.
Que solidaridad había en ese puñado de imberbes muchachos, increíble amistad dentro y fuera de la cancha.
Al otro día el cotejo grande contra Jalisco, que estaba conformado por jugadores del Atlas, U de G, Tecos y Jalisco, un verdadero trabuco que había pasado su ronda eliminatoria caminando, un dato ahí iba el Chícharo Hernández (el Papá del “Chicharito”).
Llegamos al Estadio a reventar y nos vitorearon, no les digo como fue pero los borramos de la cancha y el héroe del juego fue mi gran amigo Tomás Meraz Caballero, un hombre de Acero.
Al dar el silbatazo final, todos corrimos a abrazar al gran Mapache que con lágrimas en los ojos nos dijo: “Gracias hermanos, somos una familia”.
 
Seguimos en la Fiesta y lo demás ya es historia.
 
SONORA SE CORONA POR VEZ PRIMERA EN UN CAMPEONATO NACIONAL DE FUTBOL SOCCER EN LA MÁXIMA CATEGORIA.
HERMANDAD, ALEGRÍA,VIDA PLENA, ASÍ ES MI SONORA PORQUE TODOS FUIMOS PARIDOS POR UNA GRAN SEÑORA.
Foto: Cortesía
 
Seguían los festejos de ese campeonato Nacional y la “Jirafa” nos despedía como cuando un hijo se va.
Al otro día teníamos que partir a nuestro Sonora querida, tierra consentida. A la mañana siguiente, mucha raza de Quintana Roo, nos despedía, entre porras, llanto y aplausos.
Llega una invitación de Belice, para jugar allá y nos darían un recurso y así solventar el regreso.
Algo pasó en Hermosillo que no nos dieron permiso, para ese juego internacional.
Ensillamos nuestro desvencijado Corcel y partimos rumbo al norte, con las maletas llenas de trofeos y una sensación indescriptible.
Pasamos por las tierras del Faisán y del Venado sin contratiempo, pero en Tabasco, nuestro Caballo Blanco se nos echó un poquito, tuvimos que empujarlo entre todos.
Siguió la odisea, se paraba y a empujarlo.
Pero todo era felicidad, al grado que todos veníamos cantando.
Se llegó a comer en Jalapa y también se le dio pasto, corral y agua a nuestro noble corcel.
Cuando salimos del restaurante, el camión ya no estaba, se nos fue de bajada y chocó contra otros carros.
Ahí en Jalapa nos quedamos como 10 horas, todo el dinero se fue, solo quedó para la pastura (Diésel).
Pasamos por Cumbres de Maltrata, Río Frío, preciosos lugares.
Llegamos a México Capital y nos llevaron a la Basílica de Guadalupe a dar gracias.
Ahí el Guerra y Ríos rezaron hasta el cansancio, la comida, hora si cada quien comía según sus posibilidades, creo que ahí muchos no comieron por no traer dinero.
Todos nos solidarizamos y ayudamos al que no traía.
Salimos en la tarde noche de esa bella Tenochtitlán y nos dirigimos a Guadalajara, a paso lento pero seguro.
El hambre hacia mella en nosotros, pero se veía la felicidad en todos nosotros.
El cigarro del Picochulo, los rezos del Guerra, el libro del Ríos, la baraja del Chacho, los cuentos del Picuyo, la alegría del Tomás, la pulcritud del Mapache, el cepillo de dientes del Meño, la risa del Aarón y del Tito, el sueño de servir a la gente del Bebo, el ir y venir del Jícamas y el Cheyel, la seriedad del Buy, las morritás del Salim, el léxico tan decente del Arvizu, la preocupaciones de Rubio y Vázquez y el Flaco dormido agusto.
Foto: Cortesía
Llegamos a Guadalajara con un hambre que fue saciada por nuestros amigos, el Fena, el Chory y el Pigui.
Nos dieron unos boletos de ellos para desayunar y comer (pobres,se quedaron sin comer todo el mes, que grandes amigos).
Jugamos un partido contra el Académicos de la Tercera división profesional, con un marcador a favor nuestro, ahí vieron al Salim y lo llevaron a jugar en Primera División profesional, hizo un gran partido el Salim, pero no quiso quedarse en Atlas (jugaron contra Tecos en el 3 de Marzo), que bella experiencia para nuestro amigo Salim.
Partimos de la bella ciudad tapatía y como dijo José Alfredo en su bella canción (el corrido del Caballo blanco): el chofer le soltó la rienda en Nayarit, entre cerros verdes y el azul del cielo.
Pasamos todo el gran estado de Sinaloa, jodidos de la pata izquierda y con el hocico sangrando pero el noble corcel no se rajó
La última comida fue en Guanatos, nuestras tripas ya iban chillando, pero felices.
Ah en tierras Huicholes, nos agarró una lluvia tremenda y los limpiadores no servían, pero la astucia del Picochulo fue arreglar los limpiadores y le pega un golpe al parabrisas y oh desgracia que quiebra todo el cristal del autobús, menos para que el chofer viera (jaaaa) y aún así, siguió su camino.
Llegamos a Guaymas, puerto delicioso y el Papa del “Bebo” Zatarain nos estaba esperando con comida y varias hieleras de Corona, la comida ni la pelamos, pero la cheve, esa sí nos la acabamos.
Llegamos a Hermosillo y nos esperaban un tumulto de gente, ahí vimos que valió pena todo el esfuerzo.
Nos subieron a una bombera y nos pasearon por todo Hermosillo, hasta llegar a la casa de Gobierno, nos estaba esperando el Gobernador.
Entramos a su despacho y nos recibió como héroes.
Las palabras del Profe Rubio fueron: “Aquí está el trofeo que prometimos y creo que ya es justo que el fútbol tenga una casa digna (Estadio) por esa gente que vino del sur a enseñarnos tan lindo deporte”.

 

Foto: Cortesía
Al otro día muchos periodistas dijeron:
Un puñado de morros amateur lograron una hazaña que jamás deberá ser olvidada por todos.
Los Profesionales Naranjeros de Hermosillo, fueron paseados unos años antes, cuando ganaron la serie del Caribe.
No hay comparación porque unos Amateurs habían conseguido una gran hazaña.
Sin dinero de por medio, un viaje Odiseico y con una convicción muy poco vista en el deporte.
Ni una queja, ni un alegato, pero eso si con un corazón de acero porque fueron verdaderos.
Hoy ese puñado de jóvenes, damos las gracias a ese gran deporte que nos hizo ser grandes como personas.
Me resta decir gracias Fútbol Sonorense, somos hijos de una gran señora que es mi Sonora.

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