El vaso medio lleno (vacío) de Cimarrones de Sonora

El optimismo en demasía puede pecar de soberbia. Los pensamientos negativos en una carencia de confianza y basta mediocridad.

El proyecto deportivo plagado de ambición, solamente fue una promesa al aire, sin un destino concreto y especulaciones por doquier. Un triste desenlace que estuvo a punto de convertirse en una tragedia futbolística y a la espera de cualquier cosa en su futuro inmediato. Un organigrama que podría renovarse por completo.

Antes del Apertura 2017 del Ascenso MX, Cimarrones llegaba con una etiqueta de “equipo contendiente”; se la había ganado a pulso con sus dos liguillas bajo el mando de Juan Carlos Chávez, en las que estuvieron a un gol de echar a Mineros de Zacatecas de la contienda en ambos enfrentamientos. Añadiendo la que fue toda una proeza: Alejarlos en la tabla de cociente del tema del descenso.

Sin un Héroe de Nacozari con el cupo de los 20 mil aficionados para obtener el derecho deportivo de ascender a la máxima categoría al inicio de la temporada. Un director deportivo devorado por su propio ego y “enemigo público” del último estratega. Sumado a una directiva negligente, artífice de la pésima planificación y con un discurso que se convirtió sólo en espejismos.

“Desde que comenzamos con Cimarrones el objetivo es bien claro para nosotros, ser los campeones, convenciéndonos que tenemos el mejor plantel del Ascenso MX, con un cuerpo técnico bien armado y con un trabajo de meses para llegar hasta esa meta primordial”, palabras de Alan Rivera. De esa manera le dieron la bienvenida a Mario García a la institución.

 

Foto: Luis Gutiérrez/Norte Photo

 

García Covalles llegaba con el cartel de experiencia, el sello de “Jugar bien y proponer” y la confianza hacia la sangre joven en sus equipos. Cuartos de final con Alebrijes de Oaxaca, un ascenso a la división de plata con Tampico Madero. Son resultados que avalaban su trabajo en años recientes.

“Es jugar bien y ganar. Ganar y jugar bien. No te puedo decir cual es antes que el otro, pero de entrada, tenemos que jugar bien, tenemos que ofrecer un producto, un equipo que a su afición se sienta orgullosa de estar representada por un equipo que haga bien las cosas y que llame la atención por ello”, expresó luego de su primer entrenamiento en la capital sonorense.

Para él no existían las utopías futbolísticas. Su mayor pecado -las formas imperan en el planeta “Mario García Covalles” – habrá sido querer resultados con un óptimo funcionamiento, bajo el mando de un equipo de ASCENSO MX. Esa era la veracidad de su trabajo hacia el juicio de los demás.

El optimismo que transpiraba el timonel era envidiable en sus primeras declaraciones. Llegó a hilvanar las palabras “Cimarrones” y “Copa Libertadores. ¿El contexto? El mismo que se puede pensar al escuchar ambas. Lo increíble podría emerger de su boca. Hasta tejer su discurso en lo doble moral. Y quizás por lapsos, plasmar lo inimaginable en la cancha.

 

Foto: Luis Gutiérrez/Norte Photo

 

Cada conferencia de prensa posterior al juego de local se convertía en un monólogo de 15 minutos. La comodidad de los medios de comunicación duraba hasta que el estratega extendía su retórica justificada en múltiples pretextos tras fallar en su cometido de obtener los tres puntos. Los factores: arbitraje, el estado de la cancha, la Copa MX, los viajes, la falta de oficio de sus muchachos, el proceso de entrega – recepción del pasado cuerpo técnico, e incluso, el estilo de juego de los propios rivales.

En Hermosillo no se puede hablar de una tradición de la “fiesta grande” en esta categoría, pero lograr en dos ocasiones de manera consecutiva, es de reconocer luego del oscuro pasado durante la primera temporada en el que fueron sotaneros. La tercera invitación no pudo llegar en dos oportunidades durante su mando. Ni que hablar del anhelo a llegar a ser de los 16 mejores en el certamen copero.

La humillación de terminar un torneo en el fondo de la clasificación al mando de Cimarrones la pueden presumir Jorge Torres, Javier López y Héctor Medrano en la corta historia de la franquicia en la categoría. Por una semana, García Covalles pudo sentir lo que una vez provocaron sus antecesores. Éste último producto de un estrepitoso momento de ocho partidos sin sumar un triunfo en el Clausura 2017. A eso se le añade, dejar al equipo al final de la temporada en el penúltimo lugar de la tabla de cociente. Sacando la calculadora hasta la jornada 14 del torneo para asegurar la permanencia. Escenario que se había olvidado con el anterior cuerpo técnico.

Posiblemente, de su propio arco hasta tres cuartos de cancha contraria, los pupilos del experimentado estratega eran los que mejor fluían el esférico en todo el Ascenso. A partir de ese sector, la idea de juego se desmoronaba. La toma de decisiones no era la mejor, y por ende, la contundencia frente a los tres palos rivales desaparecía.

 

Foto: Luis Gutiérrez/Norte Photo

 

Como en cada organización al hablar de “fracasos”, la responsabilidad de los actos se reparte entre los integrantes. Con mayor porcentaje en los altos mandos. Cimarrones con una de las nóminas más bajas en la categoría y el plantel con el menor promedio de edad con sus 23.6 años. García Covalles le otorgó un estilo de juego al equipo. Una identidad que fue trabajada desde su llegada a la institución, se plasmaba en la cancha. Tanto él como sus muchachos reclamaban la injusticia de los resultados con lo mostrado en el campo.

La juventud y la falta de experiencia predominaban en el vestidor ‘cornudo. Sin la capacidad de concretar el porcentaje mínimo de aproximaciones al área rival para lograr las victorias. Quizás, con otros jugadores de mayor jerarquía, la historia y el desenlace sería distinto en la tabla. Imaginando… el plantel que tuvo la “Pájara” Chávez bajo las manos del todavía entrenador.

Reinventó la funcionalidad de Miguel Vallejo en la cancha, al adaptarlo en un mediapunta. Provocó que dejara en un segundo plano su rol de extremo por la banda de la izquierda. A otorgarle la libertad deseada en su parado táctico. El dorsal número 11 evolucionó a un “10” para controlar la ofensiva. Labor que ejecutó de una manera sobresaliente y ser el de mayor regularidad en el último semestre.

“Dio luz” a la figura de Jesús “Kechú” López en el equipo. Lo consolidó junto con su atrevimiento, a ganarse el puesto de extremo izquierdo en su once inicial.  Revivió la carrera futbolística de Jairo Araujo. Un contención sin la vocación de defender, pero con el instinto de generar el ataque desde sus pies. En su mejor momento fue el  equilibro de los ‘cornudos’.

La imagen de Johan Vásquez como defensor central titular, nadie la tenía contemplada antes de la pretemporada. García Covalles le brindó confianza y le respondió con creces en el rectángulo verde. Para que después se convirtiera en el dueño de ese sitio en la saga, sumado a la irregularidad de Juan de Alba y Jesús Saavedra. A sus 19 años seducido por las garras de los equipos de Liga MX.

 

Foto: Luis Gutiérrez/Norte Photo

 

Doce victorias, siete empates, 19 derrotas. 43 goles a favor con 52 en contra. Un porcentaje de efectividad del 37.71% en 38 partidos disputados en las dos competencias. Dos torneos sin liguilla. Dos eliminaciones de Copa MX. El equipo en el penúltimo puesto de la tabla de cociente: Esos serán los trabajos e ideas de juego que se recordarán de Mario García. Muchos aficionados no querrán escuchar ni mencionar su nombre.

Cada timonel que deje sin éxito su puesto en la institución sonorense ayudará a elevar el “legado” de Juan Carlos Chávez. Aunque García Covalles esté convencido que en la clasificación general existe un rubro que otorga validez moral: “Jugar bien y proponer”. Algo así como… cuatro puntos imaginarios.

 

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