Mi primer Maratón en Boston

Por Víctor Ene Valencia

Tener un sueño, un objetivo o una meta es lo que motiva a cualquier ser humano a prepararse para cualquier aspecto de la vida y soñar en participar en uno de los maratones más grandes del mundo, como es el gran Maratón de Boston, no es la excepción.

Competir contigo mismo, venciendo tus propios récords, tiene un gran sentido de satisfacción y felicidad, siendo éste aún mayor que competir para ganarle a otro individuo. El maratón es un reto que se presta para poner a prueba tus capacidades y el esquema moderno, que incluye la división de categorías por edades, es un incentivo más para quienes creen que ya no tienen la edad para participar en este tipo de eventos con energía.

El 16 de abril, 2018, corrí el Maratón de Boston, pero para participar en este maratón fue necesario realizar otro previo cumpliendo los tiempos mínimos reglamentarios para calificar. En febrero pasado logré mejorar mi marca en el maratón de Mesa-Phoenix, calificando con un tiempo de 3:19:39 horas, 15 minutos debajo de lo requerido para participar en Boston y logrando por primera vez un extraordinario segundo lugar en un maratón de E.U.A. de mi categoría (55-59 años).

Fueron ocho los maratones oficiales previos a Boston que realicé y todos ellos me sirvieron de experiencia para conocer mi ritmo. Entre ellos, están los dos primeros maratones de Hermosillo y un IronMan en Phoenix, Arizona. Aun así, sigo aprendiendo algo nuevo con cada maratón, tanto del entrenamiento, como la alimentación y la estrategia durante la carrera.

Otro factor de motivación a mi favor fue el gran apoyo de mi familia y mis amigos, también de mi equipo Gilas, el cual es un grupo de corredores donde soy Coach y que ha ido creciendo de forma natural en Hermosillo. Sentir el respaldo y compartir con ellos mi participación, hace que sea más emocionante e inolvidable esta gran aventura.

Un día antes del gran evento en Boston el cielo estuvo agradablemente nublado y la temperatura alrededor de los 7°C. Así, la batalla mental empezó con un pronóstico de lluvia aunado a muy bajas temperaturas para el día siguiente. Sin embargo, ir a la Expo por mi número, vivir el ambiente positivo y disfrutar la cena de bienvenida para los corredores, hizo que la emoción se renovara.

Foto: Cortesía

Por la emoción y los nervios, dormir antes del gran día costó trabajo y lograr esas 3 horas de sueño fue el primer reto. Al despertar, abrí la ventana y ya se observaba la llovizna que cubría a la capital de Massachusetts. Con su paraguas, mi esposa me acompañó hasta los autobuses que nos trasladaban al inicio de la carrera, Hopkinton. Durante este viaje, mi compañero de asiento lidiaba con la ventanilla del camión que no dejaba de caerse y él no se rendía subiéndola para evitar la entrada del frío, cuando de pronto exclamó “look, there´s snow down the trees”. Sabíamos que habría lluvia y frío, pero no hielo en el camino.

Para la salida solo se nos estaba permitido llevar una bolsa transparente con alimentos y líquidos para antes del arranque. Cualquier abrigo extra para resguardarse de la lluvia y el frío, se debía dejar como donación para gente necesitada, lo cual me pareció una excelente idea. Al bajar del autobús, Hopkinton nos recibió a 1°C, con una ola de viento frío y lluvia. Desde ahí mi cuerpo temblaba involuntariamente. Mi resguardo era una carpa saturada de participantes y pasto inundado de agua y escarcha donde se empaparon mi tenis, a pesar de que los había protegido con bolsas de hule.

Se acercaba la hora de salida y había que formarse para usar los baños en medio de la lluvia y viento. Dos paisanas de la Ciudad de México estaban de igual forma temblando del frío, desesperadas por entrar a un cubículo que además servía de alivio temporal del viento frió y diciéndome “mira mis tenis, llenos de lodo”. En el resguardo, dos compatriotas se levantaron para salir, dejando dos bolsas de hule que tome como si fueran cobijas. Una de ellas la compartí con una compañera que venía desde China y curiosamente empezamos a platicar en el idioma anfitrión. “Hard weather” me decía con una sonrisa, pero a pesar de todo, no vi a nadie con intención de desertar, no nos sentíamos solos y eso mantenía el ánimo. El punto de partida estaba como a una milla del resguardo y apenas ahí pude empezar el calentamiento. Después de una hora de espera, había que circular porque estaban llegando más participantes y la hora de mi salida estaba cerca. Había 4 oleadas con 8 corrales y cada una de acuerdo a tu ritmo. Yo estaba en la segunda oleada, corral 7, con hora de salida a las 10:25 am.

Mientras iba trotando hacia la salida, se podía observar una gran cámara de TV aérea, la voz de un locutor y tremendas porras que me recordaron que el maratón apenas iniciaba. Por si fuera poco, la lluvia se intensificó y mis articulaciones aún no entraban en calentamiento, pero al ver tan espectacular escenario, sentí la adrenalina y empecé a correr con gran emoción como cuando niño jugaba en la lluvia.

Foto: Cortesía

A pesar de la incesante lluvia y el intenso frío, mi ritmo en los primeros 21 kilómetros fue bueno, 1:40 marcaba mi reloj. Podía sentir como nadaban mis pies en los tenis y mis manos con guantes para el frío, escurriendo de agua con solo cerrar las manos. Me quitaba un guante para monitorear el frío pero al sentir que la mano se me helaba, me lo tenía que volver a poner. A fin de aligerar carga, decidí dejar los guantes y un pants para la donación en un abastecimiento cerca del kilómetro 32. Tenía la esperanza de que la lluvia cesara, pero esta solo se intensificó y las ráfagas se hacían sentir cada vez más seguido.

La ruta en general tendía a bajar, pero llegando al kilómetro 37 las subidas se hicieron continuas y aunado a la lluvia y el frío, empecé a sentir espasmos en mis piernas. Así también, veía como algunos empezaron a caminar o detenerse y mi cuerpo también quería parar. Sentía como mis muslos comenzaron a resentir el esfuerzo y empezaron a acalambrarse, topándome con la famosa pared del corredor, la cual impide a muchos terminar una carrera. Este obstáculo, que ya había vencido en maratones previos, no podía dejarlo vencerme, me faltaban 5 kilómetros y bajo esas condiciones no podía detenerme.

Los 5 últimos kilómetros fueron los más difíciles que haya corrido. En una cuesta fue necesario detenerme a darme masaje muscular y así, aligerar el dolor. Había que forzar la respiración para incrementar la oxigenación sanguínea y aquí fue cuando me di cuenta que mi objetivo de tiempo era inalcanzable. A pesar de todo, continuar corriendo para llegar a la meta seguía siendo mi lucha. Los músculos se resistían pero la mente seguía firme, logré reiniciar la carrera aunque el ritmo no fue el mismo al cruzar el kilómetro 40. En los últimos 2.195 kilómetros, sentí que regresó mi energía al presenciar el emotivo recibimiento de una gran multitud en medio de tanta lluvia en la calle de Boylston en Boston. Llegando a la meta no lograba ver a mi familia que me acompañaba pero sabía que ellos me estaban viendo llegar, al igual que mi equipo y amigos que me siguieron paso a paso remotamente mediante una aplicación vía GPS e internet facilitada por la organización del gran Maratón de Boston.

Una gran sensación es lo que me deja una de las más grandes y excitantes experiencias en mi trayectoria como corredor. Es una gran satisfacción dejar mi huella en la historia del maratón más antiguo y uno de los más importantes del mundo. Así terminé mi primer maratón de Boston, con una marca de 3:42:48 horas bajo las condiciones más desafiantes de clima.

 

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