Mi silbatazo inicial

Por Germán Carbajal de la Rosa 

Dicen que necesitarías estar loco para elegir ser árbitro, que en el llano no existe la pasión, si no el dinero, que los que hacen deben de estar preparados para aguantar insultos, desaprobaciones y distintos humores, que es “su trabajo”.

Cuando dejé el fútbol quise indagar mucho más en el reglamento de juego, y conocer profundamente el deporte al que más sigo; el destino se hizo cargo dos años después, a mis 19 cumplidos, con una carambola increíble, y con locación en mi Alma Mater, la Universidad de Sonora. Comencé mi curso en 2013, terminándolo en 2014, y como si el balompié quisiera retarme y darme la bienvenida al rol más hermoso, fue en mi cumpleaños en el que debuté, nada más y nada menos que en la categoría libre de la Liga Premier.

Siempre con el anhelo de mejorar para mi propia satisfacción, me preparaba y participaba lo más que podía, y poco a poco iba ganándome la confianza de la gente que encabeza el silbato a nivel estatal, llevándome así a mi primer Campeonato Nacional en 2015, un Sub-13 que tuvo lugar en Ciudad Juárez, en donde descubrí lo hermoso que era el gremio, y lo fantástico que es representar a Sonora en el fútbol mexicano.

Foto: Cortesía

Las ganas no cesaron, pero 2016 llegó con dos golpes durísimos en mi carrera, la frontera me volvió a abrir las puertas, pero no era mi momento y sentí lo que era fracasar en un Torneo Benito Juárez; después, en la seguridad y calidez de mi ciudad, me tocó fallarle a Hermosillo ante sus ojos, en un Sub-10, que al parecer no era tan demandante, sólo al parecer. A veces necesitar tocar fondo para mirar hacia arriba, y yo estaba en lo más profundo de ese agujero.

Con nuevos anhelos y nuevos planes dejé la Liga Premier, para seguir aprendiendo en el Colegio de Árbitros Hermosillo Central, a comienzos del 2017, nunca aflojé el paso y en mayo tuve la oportunidad de ser el sobre de designado para sancionar un Sub-16 en La Paz, sin embargo el miedo se apoderó de mí, y decidí “etiquetarme” como árbitro asistente, un rol para muchos denigrante, o menor que el de árbitro central; las cosas marcharon bien y logré quedarme a la orilla de la meta, en semifinales, debido a que el representativo estatal disputó la final, eliminando mis oportunidades de yo acceder a la misa, sin embargo la satisfacción llegó por primera vez a mí.

Pasaron los meses y “mi casa” volvió a ser sede, ahora del Campeonato Nacional Sub-20, en donde sorpresivamente la Selección Sonora quedó fuera en fase de grupos, abriéndome las posibilidades de ser finalista, y lo logré, el éxito llegó a mí, pero el deseo de dejar la bandera y retomar el silbato seguían muy presentes en mi cabeza; me plasmé un objetivo, una meta, un sueño, llegar a las Fases Nacionales de la Liga Nacional Juvenil, que se celebraría en el verano del 2018 en Toluca, así que abandoné mi carrera, mi profesión, mi tiempo, y mis otras actividades, todo con el fin de cumplirse a mí mismo.

Los meses pasaron y, por más complicado que estuviera el partido en las ligas locales, por más calor que pasaba, por más juegos que me cansaban, por más reclamos que recibiera, por más cuestionamientos de mi labor que me daban, mi vista estaba muy clara, tan clara que se consumió a través de un mensaje de texto, en el que me invitaban formalmente a el torneo que tanto estaba esperando.

Aunque nos llaman “nazarenos” yo me siento un hijo de diosito, debido a que mis creencias me sitúan siempre al lado de él, por eso, a pesar de que la frase esté muy gastada me permitiré utilizarla, pues “los tiempos de Dios son perfectos”, la vida me lo demostraría, y lo celestial me enseñaría que todo se puede cumplir
Foto: Cortesía

Se llegó el día en que mis maletas estaban en el vuelo rumbo al Estado de México, mi gente apoyándome, mi familia angustiada, pero siempre al pendiente de mí, tenía muchas motivaciones, además de ser el único sonorense en la competencia, ya que no había equipos de mi Estado; el orgullo y las buenas vibras me invadieron y comenzó la aventura un 5 de junio, fecha 1 del la justa Sub-13, en la mismísima Federación Mexicana de Fútbol, como si faltara más.

Nunca olvidaré los nombres de cada equipo, el horario, la cancha, y a mis compañeros de cada encuentro, pues los días pasaban y yo seguía saliendo de árbitro central; entonces se llegó el primer recorte, tres de nosotros quedaron fuera, y yo silbé cuartos de final, el segundo recorte dejó a ocho del grupo sin oportunidad de avanzar, y Sonora dirigiría semifinales.

El momento en el que nos quedaríamos cuatro fue muy duro, amigos de muchos años no pudieron superar el último corte, y los sentimientos encontraron aparecieron, tal vez por eso no me di cuenta de lo que había hecho hasta el siguiente día, cuando el Coordinador de Arbitraje del Sector Amateur dio designación y mi nombre estaba en la cima, reaccioné cuando supe que sería el encargado de la gran final de la competencia que tanto había esperado, por la que dejé todo, y por la que siempre soñé. La mañana era fría, una noche antes llovió, la altura de Toluca me sonreía, y los fantasmas de mi pasado no asistieron al Estadio de la FMF, mis compañeros y yo tuvimos la mejor de las planeaciones, quedamos que cada jugada la trabajaríamos pensando en todo el sacrificio y todos los años que pasarían por nuestra mente a lo largo del partido; tocó el himno del fair play, caminé hacia el campo, tomé el balón, me dirigí a los capitanes y todo se resumió en un silbatazo.

De un lado Delfines Dorados de Sinaloa, por el otro Mineros de Zacatcas, al final del día fueron los del norte quienes se alzaron con el título, pero el tiempo se detuvo cuando mencionaron mi nombre en la premiación, y consecutivamente informaron que venía desde Sonora, al tomar la medalla pensé en tres cosas: en Dios, en las personas que sufrieron, lloraron, me apoyaron y sonrieron conmigo a lo largo del proceso, y en que valió la pena todo el esfuerzo; una medalla es algo material, pero la satisfacción que causa tener ese reconocimiento es eterna.
Foto: Cortesía

Después de ser árbitro central en el juego por el título sub-13, comenzó la justa de los de 15 años, consciente de que no podía repetir final, trabajé con todo el amor, responsabilidad y orgullo, para mi sorpresa avancé dos filtros, llegando a ser, de nueva cuenta, centro en una de las semifinales del torneo, en esa ocasión ahí me quedé, pero lo que me demostré, lo que logré, lo que avancé, es maravilloso y siempre estará en mi corazón.

Me siento tranquilo en que logré gritar al fútbol nacional que en Sonora hay muchos talentos, ojalá que esa pequeña brecha sea provechosa, yo estoy muy tranquilo y feliz, mi delegación contenta y orgullosa, mis seres queridos me hacen sentir como el mejor, pero aunque lejos estoy de serlo, sus apapachos es la mejor recompensa. Para mí viene trabajar con las nuevas generaciones,y demostrarles con mi vivencia que si se puede, y que quienes aman de verdad al arbitraje pueden hacer muchas más de lo que yo.

Soy Germán Carbajal de la Rosa, orgullosamente árbitro del sonorense del Sector Amateur, un soñador eterno, y un creyente de por vida, fui, soy, y seré 11 veces juez central en las Fases Nacionales de la Liga Nacional Juvenil 2018, en Toluca, Estado de México. Agradezco el espacio al arbitraje, y por su puesto a mi gente, los múltiples asesores, mis centenares de colegas, mis múltiples amigos, y a mi familia. Yo subí al podio, pero en mí estaban todos ellos.

 

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