Los 28 son los nuevos 23

El dorsal en el fútbol es inversamente proporcional a la calidad de cada jugador. No debe de ser una obligación portar el #10 para ser considerado el mejor elemento del equipo.

La regularidad ha prevalecido en sus botines – ambidiestro por naturaleza- desde su llegada al Desierto. Miguel Vallejo nacido en tierras tapatías, pero sonorense por adopción, es el actual emblema de la institución ‘cornuda’ en su corto paso por el Ascenso MX. Ese futbolista, que de basarse en una ideología similar al deporte estadounidense, tendría que tener retirado su número al final de su carrera o tener una estatua de su persona en las afueras del inmueble.

El mediocampista -reconvertido a un enganche por Mario García– sabe que en este deporte se necesita más que ‘sudar la camiseta o correr desesperadamente tantos kilómetros por partido’ para ganarse el respeto de la afición. Es hacer las cosas bien; casi alcanzar la perfección en su rol dentro del campo, incluso, ‘echarse el equipo al hombro’.

Foto: Luis Gutiérrez/Norte Photo

Sin ser delantero, 52 minutos tuvieron que pasar para estrenarse con la camiseta de sus amores en aquella lejana jornada 1 del Apertura 2014 de la Segunda División Profesional. Su primer semestre en el club. 23 años de ese extremo que tenía clara la instrucción del director técnico Ángel Monares: Ocasionar peligro y desbordar por un costado.

Directivos decían adiós, estrategas acababan contratos por las buenas o por las malas, jugadores en altas o bajas en el club, tal como si fuera rotación de personal de un supermercado. El nacido en Zapotlán El Grande, Jalisco, se consolidaba semana a semana en cada once titular, en cada parado táctico diferente. El bagaje acumula 115 ocasiones de 117 posibles en las que ha defendido la camiseta del equipo en los casi siete semestres de estadía en la división de plata. 112 oportunidades de inicio entre liga, liguilla y Copa MX. 148 cotejos sumados desde la Segunda División.

“Vengo trabajando desde que empecé mi carrera como futbolista, ahora que llego aquí a Cimarrones me he brindado cada partido, cada entrenamiento por esta playera, le he dedicado mucho. Sé que he pasado por momentos muy difíciles aquí en Hermosillo, aquí en Sonora, entonces, todo esto lleva un logro bonito para mí, conseguir 100 partidos con esta playera. Esto no termina aquí, mis sueños son más altos, no tengo límites para lograrlos, quiero seguir por ese mismo camino y también abrir brechas para los que vienen”. 
Foto: Luis Gutiérrez/Norte Photo

Caracolero: Distinción que lo llevó a sus 20 años pisar una cancha de Primera División con la escuadra de Tecos en el 2010. Escurridizo con su 1.64 metro de altura. A los 23 tocó la puerta de la capital sonorense. El sobresalto de sus capacidades ante sus compañeros y los ojos del entrenador era evidente.

Los años no pasan en vano en cualquier entorno. En el deporte no existen privilegios de ello. La sabiduría y la experiencia de conducir el balón lo han hecho madurar futbolísticamente. Mario García le sacó todo el provecho posible: Lo evolucionó a un ’10’ pero con el 11 en la espalda, dentro de su formación táctica. La libertad en cancha para asociarse con los atacantes y los extremos – sus álter egos- en el plan de ofender en campo rival.

La pegada y el toque a balón parado salen a relucir durante los 90 minutos de juego. Ahora bajo el mando de Héctor Altamirano, a sus 28 años de edad es el ‘engrane’ de ese lucido estilo de juego que práctica el equipo. Comandante de cada jugada de mediocampo en adelante, el Torneo Apertura 2018 se asemeja como su graduación en la universidad denominada “Ascenso MX”. En vísperas de obtener el diploma con un actual liderato de goleo compartido en el semestre.

 

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